sábado, 31 de mayo de 2025

Falleció monseñor Antonio Baseotto, defensor de la Misa tradicional en la Argentina

 



El pasado 30 de mayo, partió hacia la Casa del Padre monseñor Antonio Baseotto, C.Ss.R., a la edad de 82 años. Su deceso representa una pérdida significativa para quienes valoran la tradición litúrgica y doctrinal de la Iglesia en la Argentina. Redentorista de formación, monseñor Baseotto fue obispo de Añatuya entre 1991 y 2002, y luego obispo castrense hasta 2007, cargo que desempeñó con firmeza en un tiempo de grandes tensiones para la Iglesia y el país.

Monseñor Baseotto fue uno de los pocos obispos argentinos que, con fidelidad y valentía, celebraban la Santa Misa según el rito romano tradicional, también conocido como la forma extraordinaria del Rito Romano o Misa Tridentina. En un contexto eclesial a menudo indiferente o abiertamente hostil hacia esta expresión venerable del culto católico, él ofreció un testimonio sereno de continuidad, obediencia a la Tradición y amor por la liturgia de siempre.

Entre sus gestos más memorables, se cuenta su participación como celebrante principal en la Santa Misa solemne que concluye cada año la peregrinación "Nuestra Señora de la Cristiandad", en la basílica de Luján. Su presencia revestía de particular dignidad la ceremonia, y era motivo de aliento para los miles de peregrinos que, tras tres días de marcha, veían coronada su peregrinación con la Misa de siempre, celebrada por un sucesor de los Apóstoles.

Asimismo, se recuerda con especial gratitud la celebración que presidió años atrás en la parroquia de la Medalla Milagrosa de la ciudad de La Plata, con ocasión de la fiesta de Cristo Rey. Aquella Misa fue signo de la realeza de Nuestro Señor y de la perennidad de la liturgia tradicional, aun en medio de la confusión doctrinal y pastoral de nuestro tiempo.

Monseñor Baseotto será recordado por su fidelidad a Roma, a la fe de siempre, y a la Santa Misa que tantos santos celebraron. Rogamos por el eterno descanso de su alma, y pedimos al Señor que conceda a su Iglesia pastores según su Corazón, que como él, “non recedant a via veritatis” —no se aparten del camino de la verdad (cf. Sal 118,102).

Requiescat in pace.

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