La Crítica de la concepción de Maritain sobre la persona humana (1943) de Julio Meinvielle es un texto clave dentro del pensamiento teológico y filosófico argentino del siglo XX, especialmente en su vertiente tradicionalista y tomista. En ella, Meinvielle confronta las ideas de Jacques Maritain, particularmente las expuestas en obras como Humanisme intégral (1936), a las que acusa de desviarse de la doctrina tradicional de Santo Tomás de Aquino y del magisterio católico.
Puntos fundamentales de la crítica de Meinvielle:
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Concepción personalista influida por el idealismo moderno:
Meinvielle considera que Maritain adopta nociones personalistas que, si bien intenta armonizar con Santo Tomás, están influidas por el pensamiento moderno (Kant, Bergson, etc.). En este sentido, Meinvielle ve en Maritain una traición al realismo metafísico tomista, al privilegiar una subjetividad que roza el existencialismo. -
Distinción entre persona y individuo:
Maritain propone distinguir al “individuo” como parte de un todo (el Estado, por ejemplo) y la “persona” como un ser espiritual trascendente, abierto a lo absoluto. Meinvielle critica esta distinción, señalando que disuelve el concepto clásico de persona como “substantia individua naturae rationalis” (Boecio), y da lugar a una concepción dualista. -
Humanismo y cristianismo:
Meinvielle considera que el “humanismo integral” de Maritain, al querer unir cristianismo y valores humanistas modernos, incurre en un sincretismo inaceptable. Sostiene que no se puede fundar una civilización cristiana sobre valores seculares ajenos a la Revelación y a la Tradición de la Iglesia. -
Relación con la comunidad política:
Maritain afirma que el hombre como persona trasciende al Estado y que este debe servir al hombre y no al revés. Meinvielle, sin negar la superioridad del fin espiritual, considera que esta postura debilita la noción de civitas christiana y abre la puerta al liberalismo político, contrario a la doctrina de la realeza social de Cristo. -
Reacción frente al neomodernismo:
Para Meinvielle, el pensamiento de Maritain, aunque conservador en lo moral, es filosóficamente peligroso porque actúa como caballo de Troya del neomodernismo, especialmente al introducir ideas nuevas en la concepción del orden social, de la Iglesia y del hombre, lo cual anticipa, según él, muchos errores que se manifestarían luego en el Concilio Vaticano II.
La crítica de Meinvielle a Maritain es un intento serio de defender la integridad del tomismo clásico frente a lo que él percibe como una adaptación peligrosa al mundo moderno. Para Meinvielle, Maritain representa una deriva que pone en riesgo la ortodoxia y la integridad de la civilización cristiana, al adoptar categorías ajenas al espíritu católico. Su obra debe leerse dentro del marco del pensamiento contrarrevolucionario católico y como expresión de un tomismo riguroso y vigilante frente a las novedades del siglo XX.
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