miércoles, 18 de junio de 2025

El Diario de Tandil y la negación de las raíces católicas de la Argentina

 


El Diario de Tandil ha publicado recientemente una nota titulada “¿Argentina es un Estado laico?”, en la que se afirma que el artículo 2° de la Constitución Nacional —según el cual “el gobierno federal sostiene el culto católico apostólico romano”— no convierte a la Argentina en un Estado confesional. A juicio del autor, dicho artículo implicaría tan solo un sostenimiento económico del culto, sin que ello afecte el supuesto carácter laico del Estado.

Esta interpretación, sin embargo, es profundamente errónea y se inscribe en una visión liberal y secularista de la política. Reduce el vínculo entre la Iglesia y el Estado a una simple formalidad administrativa, ignorando el contexto histórico y doctrinal en que fue redactada nuestra Constitución. Los constituyentes de 1853 reconocieron a la religión católica como la verdadera religión, digna no sólo de respeto privado, sino de protección pública y promoción oficial.

La tesis laicista del artículo refleja un relativismo moderno que pretende despojar a la sociedad de su dimensión sobrenatural. Es incompatible con la enseñanza constante del Magisterio, que enseña que las naciones, como los individuos, están obligadas a rendir culto a Jesucristo y a sujetarse a su ley. El Papa León XIII enseñó con claridad en Immortale Dei (1885) que “el Estado no puede comportarse como si la religión no existiera o como si todas las religiones fueran iguales”.

La libertad religiosa mal entendida y el pluralismo neutral que el artículo defiende terminan por marginar a la Iglesia y favorecer una religión sustituta: el secularismo. No se trata aquí de negar la convivencia pacífica con quienes no profesan la fe católica, sino de afirmar que el Estado no puede ser indiferente ante la verdad revelada por Dios.

En conclusión, la nota publicada por El Diario de Tandil contribuye a la confusión doctrinal y al proceso de descristianización de la vida pública. Los católicos debemos rechazar estas falsas premisas y reafirmar, con santo orgullo, que sólo en Cristo Rey y su Iglesia encontrará la nación argentina su verdadero orden y paz.

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