jueves, 19 de junio de 2025

Neuquén: celebración ecuménica absurda y contraria a la fe católica

 


El pasado jueves 19 de junio, en el Hogar de Ancianos Hermanitas de los Pobres de la ciudad de Neuquén, se llevó a cabo una “celebración ecuménica” con motivo de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. A esta bizarra manifestación asistieron, entre otros, el obispo local monseñor Fernando Croxatto, pastores protestantes y funcionarios municipales. Encendieron velas, compartieron cantos y hasta recordaron el bautismo común, bajo el lema «Vosotros sois la luz del mundo».

Más allá del tono amable y sentimental del encuentro, lo cierto es que este tipo de eventos representa una grave contradicción con la doctrina católica, que enseña con claridad que no hay verdadera unidad cristiana fuera de la unidad en la Iglesia Católica, Una, Santa, Católica y Apostólica, fundada por Nuestro Señor Jesucristo.

Este tipo de reuniones han sido repetidamente condenadas por el magisterio de la Iglesia. La encíclica Mortalium Animos (1928), del Papa Pío XI, advierte con firmeza contra los peligros del falso ecumenismo:

“No puede haber verdadera unión entre los cristianos sino en la única y verdadera Iglesia de Cristo; no es lícito promover esta unión sino promoviendo el retorno de los disidentes a la única verdadera Iglesia.”

Pío XI califica estas iniciativas como engañosas y peligrosas, pues colocan a la verdadera religión al mismo nivel que los errores, como si todos fueran caminos igualmente válidos hacia Dios. ¿Cómo puede un sucesor de los apóstoles —como lo es un obispo católico— participar de una liturgia improvisada junto a herejes que niegan dogmas fundamentales como el sacrificio de la Misa, la presencia real de Cristo en la Eucaristía, o el primado del Romano Pontífice?

La luz que estos prelados encienden junto a los herejes no es otra cosa que un símbolo vacío, carente de gracia, porque la verdadera luz del mundo es Cristo, pero Cristo íntegramente confesado y adorado en la fe católica, no en una mezcla confusa de doctrinas contradictorias. San Agustín lo dijo claramente: “Errar es humano, pero perseverar en el error es diabólico.”

Estos gestos no promueven la unidad, sino que fortalecen la indiferencia religiosa, el relativismo doctrinal y la disolución de la fe. La caridad no consiste en compartir símbolos huecos, sino en decir la verdad con claridad, y amar al prójimo lo suficiente como para invitarlo a salir del error y entrar en la verdadera Iglesia de Cristo.

La unidad de los cristianos no se construye con velitas y canciones, sino con la conversión y el retorno a la fe católica íntegra. Todo lo demás es humo.

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