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| León XIV y el Cardenal Bokalic |
Dos visiones sobre la Eucaristía: León XIV y el Cardenal Bokalic
Con ocasión de la solemnidad del Corpus Christi, dos mensajes pronunciados recientemente ilustran con fuerza el contraste entre una visión plenamente católica de la Eucaristía y otra impregnada de los reduccionismos típicos del pensamiento moderno. Por un lado, el Papa León XIV —en su homilía pronunciada en Roma— reafirma con claridad y profundidad la doctrina perenne del Sacramento del Altar. Por el otro, el cardenal Bokalic, desde Santiago del Estero, ofrece una interpretación donde la dimensión sacrificial y adoradora de la Eucaristía se ve reemplazada por una ética horizontalista centrada en la solidaridad.
León XIV: fidelidad al Misterio de la fe
El Santo Padre ha proclamado, sin ambigüedades, que la Eucaristía es el “sacrificio supremo del amor”. No se trata de un simple símbolo ni de un gesto de comunión fraterna, sino del acto redentor de Cristo, renovado sacramentalmente sobre el altar. León XIV, siguiendo la estela de los Papas que defendieron la fe eucarística —como san Pío X y Pío XII— no teme hablar de adoración, de entrega, de misterio, ni de unidad del Cuerpo Místico a partir del Cuerpo real de Cristo.
Como san Agustín, a quien cita en su enseñanza, recuerda que de muchos granos se forma un solo pan, y que ese pan es Cristo. La procesión eucarística, subraya, es una manifestación pública de esta fe, y no un mero acto folklórico o social. Es un acto de adoración, de confesión de fe en la presencia real del Señor: “Hoc est enim Corpus meum”.
Bokalic: la Eucaristía reducida a solidaridad
En cambio, el cardenal Bokalic ofrece un mensaje centrado casi exclusivamente en la solidaridad humana. Habla de compartir, de preocuparse por los pobres, de dar de comer... Pero omite toda referencia explícita al sacrificio de la Cruz, a la presencia real de Cristo bajo las especies eucarísticas, y al deber de adorarlo con reverencia.
Más aún, sostiene que la Eucaristía es “el pan necesario para ayudarnos mutuamente”, como si su esencia estuviera en el gesto fraterno más que en el don divino. Presenta a Cristo como “solidario”, pero este término, aunque no sea erróneo en sí mismo, empobrece profundamente la riqueza sobrenatural de la caritas cristiana. La solidaridad es una virtud social, natural, incluso secularizable; la caridad, en cambio, es una virtud teologal que une al alma con Dios. Decir que Cristo es solidario, sin más, es reducir su divina caridad a una categoría sociológica.
La distancia es doctrinal y pastoral
La diferencia entre ambos mensajes no es simplemente de estilo o de tono: es teológica. León XIV se sitúa en la línea de la Tradición, de Trento, de los Santos y de los mártires del culto eucarístico. Bokalic, en cambio, repite lugares comunes de un cristianismo reducido a filantropía.
No negamos, por supuesto, que la Eucaristía tenga consecuencias sociales. El que adora a Cristo presente en el altar, debe también reconocerlo en el pobre. Pero quien sólo ve al pobre y olvida al Santísimo, ha dejado de creer en la Eucaristía como sacrificium laudis, como verdadero sacrificio propiciatorio. Ya lo advertía, incluso, Juan Pablo II: “Es necesario evitar que una comprensión unilateral del banquete eucarístico oculte su dimensión sacrificial” (Ecclesia de Eucharistia, n. 10).
En tiempos de confusión, la claridad del Papa León XIV brilla como un faro. Su mensaje no sólo reafirma la fe católica, sino que corrige, por contraste, los desvíos de quienes tienden a vaciar la liturgia de contenido sobrenatural. Que su ejemplo sirva de guía para los fieles deseosos de adorar a Cristo verdaderamente presente en la Eucaristía, no como símbolo de solidaridad, sino como el mismo Dios que se inmola por nuestra salvación.

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