| Cardenal Rossi, Arzobispo de Córdoba, Argentina |
El Cardenal Rossi y su guerra contra la tradición: la expulsión de la Legión de Cristo Rey.
Lo ocurrido en Córdoba es un acto de violencia eclesiástica que no puede ser minimizado ni silenciado. El Cardenal Ángel Rossi ha decidido expulsar de su arquidiócesis a la Legión de Cristo Rey, una asociación pública de fieles, unida al Instituto Cristo Rey, con presencia activa y fecunda en diversos puntos del país. ¿La causa? Ninguna que se haya hecho pública. ¿El proceso? Inexistente. ¿El espíritu? El de una guerra abierta contra la fe católica tradicional.
La Legión de Cristo Rey es una asociación eclesial reconocida, compuesta por hombres y mujeres de todas las edades y estados de vida, cuya finalidad es extender el Reino de Jesucristo mediante la santificación personal y un apostolado organizado y fiel a la Santa Iglesia. Su sola existencia —y el fruto espiritual que genera— es una respuesta a la crisis que corroe a la Iglesia desde adentro.
Pero esa fidelidad molesta. El Cardenal Rossi, en un gesto arbitrario y sin justificación doctrinal, comunicó la prohibición de toda actividad de la Legión en la arquidiócesis. Ni una acusación formal, ni un argumento teológico, ni siquiera una advertencia pastoral. Solo el frío sello de quien actúa por ideología antes que por celo apostólico.
La respuesta de la Legión ha sido ejemplar: prudente, respetuosa, obediente. Su presidente general, Martín Grether, reiteró la disposición a servir a la Iglesia en comunión con los pastores, llamando incluso a no polemizar en redes sociales. La obediencia, una vez más, fue puesta del lado de los perseguidos. Pero que nadie confunda esa humildad con debilidad: la Legión no desaparecerá, ni se desdibujará por el capricho de un prelado enemigo de la Tradición.
Lo que Rossi ha hecho es un escándalo. Mientras en otras diócesis se promueve la bendición de uniones antinaturales, se niega el infierno, y se manipula la liturgia para ajustarla al mundo, él se ocupa de clausurar un apostolado católico auténtico, fiel al Magisterio, centrado en la realeza de Nuestro Señor. No es pastoral: es ideológico. No es prudencia: es persecución.
La historia de la Iglesia está llena de obispos que creyeron que podían silenciar la verdad con decretos. Pero los mártires, los confesores y los verdaderos fieles saben que la cruz precede a la victoria. Y si la Legión sufre hoy el rechazo de un cardenal, lo sufre por Cristo y con Cristo. Eso no destruye: purifica, fortalece y fecunda.
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