miércoles, 4 de junio de 2025

El liberalismo es pecado

 




La tesis fundamental que sostiene El liberalismo es pecado, del Padre Félix Sardà y Salvany, es que el liberalismo, entendido como ideología y sistema político que pone en el centro la libertad humana absoluta desligada de la ley divina y la autoridad de la Iglesia, es intrínsecamente contrario a la fe católica y, por tanto, constituye un pecado grave.

Sardà y Salvany argumenta que el liberalismo niega el principio fundamental de toda verdad y orden moral: que Dios es la fuente suprema de toda autoridad y verdad. La libertad que proclama el liberalismo no es la verdadera libertad, que es la adhesión al bien verdadero y a la ley natural y divina, sino una libertad falsa, entendida como autonomía total del hombre frente a Dios. Esto lleva inevitablemente al relativismo moral y a la indiferencia religiosa.

El autor denuncia que el liberalismo pretende separar el poder civil de la autoridad espiritual de la Iglesia, postulando una autonomía del Estado frente a la religión que socava el orden social legítimo y la jerarquía establecida por Dios. Así, se niega el derecho de la Iglesia a influir en las leyes y en la vida pública, lo que Sardà considera una apostasía y un atentado contra la sociedad cristiana.

Además, el liberalismo fomenta la idea errónea de que todas las creencias religiosas son iguales y que el hombre puede elegir sin restricción alguna su propio camino moral y religioso, lo que lleva a la confusión, a la pérdida de la fe y a la disolución de los valores cristianos.

La condena que hace Sardà y Salvany no es solo política sino moral y espiritual: adherirse al liberalismo es voluntariamente aceptar un sistema que rechaza a Dios y la verdad católica, por lo que es un pecado grave. En este sentido, el liberalismo no es simplemente un error político o un problema social, sino una verdadera desviación que daña el alma y pone en peligro la salvación eterna.

Concluye que el católico debe rechazar el liberalismo con firmeza, defendiendo la autoridad de la Iglesia, la ley divina y la unidad entre fe y vida pública, pues solo así se preserva la verdadera libertad: libertas in veritate — la libertad en la verdad.

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