sábado, 31 de mayo de 2025

¿A cada persona humana le corresponde una “dignidad infinita”?

 



En una reciente declaración, la Comisión Ejecutiva del Episcopado Argentino ha afirmado que a cada persona humana le corresponde una “dignidad infinita”, fundamentada “inalienablemente en su propio ser”. A pesar de la buena intención pastoral que anima el texto —la defensa de los discapacitados frente a políticas insensibles—, no puede pasarse por alto el error de fondo que esta expresión encierra.

La dignidad del ser humano, ciertamente altísima, no es infinita. Sólo Dios es infinitus en sentido propio. El hombre posee dignidad porque ha sido creado ad imaginem et similitudinem Dei (Gén. 1,26), y su fin último es Dios. Su valor no reside en sí mismo como absoluto, sino en su orden esencial a su Creador y Redentor.

Decir que el hombre tiene una dignidad infinita, basada en “su propio ser”, es deslizarse sin matices hacia un humanismo antropocéntrico, donde el hombre se vuelve medida de todas las cosas. Esta visión, impregnada de pensamiento moderno y personalista, disuelve la dependencia ontológica de la criatura respecto a Dios y debilita la noción de gracia, redención y vida eterna.

La Tradición de la Iglesia siempre ha enseñado que la dignidad humana es recibida, no poseída por derecho propio. Como enseña León XIII:

“El hombre no puede llegar a su perfección sino por medio de Dios.” (Immortale Dei, n. 2)

La caridad hacia los pobres, enfermos y discapacitados exige claridad doctrinal. Defender al hombre sin referirlo a Dios termina por vaciar el verdadero sentido de su dignidad. En tiempos de confusión, recordar las verdades perennes no es rigidez, sino caridad verdadera.

El escultismo católico en Argentina: raíces vivas que esperan resurgir

 




En 1996, la Unión Scouts Católicos Argentinos (USCA), fundada en 1937 por el P. Julio Meinvielle, fue formalmente absorbida por la nueva estructura de Scouts de Argentina Asociación Civil (SAAC). La fusión, promovida bajo el ideal de unidad y representatividad internacional, buscaba integrar a los jóvenes scouts en una única organización pluralista y laica.

Sin embargo, para muchos católicos comprometidos, esta transformación no supuso una verdadera unidad, sino una pérdida: el escultismo dejó de ser una escuela explícita de virtud cristiana, para convertirse en una plataforma neutra, desvinculada de los fundamentos doctrinales de la fe. La desaparición del nombre y del espíritu de la USCA no fue simplemente un cambio institucional; fue, para muchos, una herida espiritual.

Y sin embargo, la USCA no murió. Porque su esencia, profundamente católica, vive en los corazones de quienes la recibieron como un don y una misión. Hoy, múltiples grupos scouts católicos continúan su camino al margen de la estructura oficial, con fidelidad a la doctrina, al Magisterio, y al ideal que supo forjar santos en la vida cotidiana. Estas semillas de esperanza están presentes en diócesis, parroquias y comunidades que no han querido renunciar a una formación plenamente cristiana.

Uno de los mayores impulsores de esta restauración ha sido Monseñor Héctor Aguer, quien, al ver que la organización fusionada abandonaba principios esenciales de la fe —como la antropología cristiana del matrimonio—, decidió en 2016 retirar el patrocinio arquidiocesano a Scouts de Argentina y promover la creación de la Asociación Diocesana de Scouts Católicos (ADISCA). Su decisión no fue una ruptura, sino una siembra: dar lugar a una nueva primavera del escultismo católico.

La historia enseña que las obras que nacen de la verdad y de la gracia no desaparecen: pueden ser ocultadas, perseguidas, marginalizadas… pero no mueren. La USCA, aunque institucionalmente disuelta, permanece viva en su carisma, en su legado y en el deseo de muchas familias católicas de ver a sus hijos formarse como verdaderos cristianos en la vida diaria, bajo la ley scout y al amparo de la Virgen María.

Hoy más que nunca, es posible y necesario un renacimiento de la USCA. No como una nostalgia del pasado, sino como una respuesta actual y valiente a los desafíos de nuestro tiempo. En un mundo que confunde libertad con relativismo, y pluralismo con indiferencia religiosa, el escultismo católico es una luz que orienta, un ideal que forma, una escuela de santidad en lo cotidiano.

Volver a levantar la bandera de la USCA no es solo un acto de memoria, sino un gesto profético. Porque las raíces que fueron plantadas por el P. Meinvielle, regadas por generaciones de formadores católicos, siguen vivas. Y están llamadas a florecer.

Falleció monseñor Antonio Baseotto, defensor de la Misa tradicional en la Argentina

 



El pasado 30 de mayo, partió hacia la Casa del Padre monseñor Antonio Baseotto, C.Ss.R., a la edad de 82 años. Su deceso representa una pérdida significativa para quienes valoran la tradición litúrgica y doctrinal de la Iglesia en la Argentina. Redentorista de formación, monseñor Baseotto fue obispo de Añatuya entre 1991 y 2002, y luego obispo castrense hasta 2007, cargo que desempeñó con firmeza en un tiempo de grandes tensiones para la Iglesia y el país.

Monseñor Baseotto fue uno de los pocos obispos argentinos que, con fidelidad y valentía, celebraban la Santa Misa según el rito romano tradicional, también conocido como la forma extraordinaria del Rito Romano o Misa Tridentina. En un contexto eclesial a menudo indiferente o abiertamente hostil hacia esta expresión venerable del culto católico, él ofreció un testimonio sereno de continuidad, obediencia a la Tradición y amor por la liturgia de siempre.

Entre sus gestos más memorables, se cuenta su participación como celebrante principal en la Santa Misa solemne que concluye cada año la peregrinación "Nuestra Señora de la Cristiandad", en la basílica de Luján. Su presencia revestía de particular dignidad la ceremonia, y era motivo de aliento para los miles de peregrinos que, tras tres días de marcha, veían coronada su peregrinación con la Misa de siempre, celebrada por un sucesor de los Apóstoles.

Asimismo, se recuerda con especial gratitud la celebración que presidió años atrás en la parroquia de la Medalla Milagrosa de la ciudad de La Plata, con ocasión de la fiesta de Cristo Rey. Aquella Misa fue signo de la realeza de Nuestro Señor y de la perennidad de la liturgia tradicional, aun en medio de la confusión doctrinal y pastoral de nuestro tiempo.

Monseñor Baseotto será recordado por su fidelidad a Roma, a la fe de siempre, y a la Santa Misa que tantos santos celebraron. Rogamos por el eterno descanso de su alma, y pedimos al Señor que conceda a su Iglesia pastores según su Corazón, que como él, “non recedant a via veritatis” —no se aparten del camino de la verdad (cf. Sal 118,102).

Requiescat in pace.

León XIV nombra nuevos obispos para Argentina


El 28 de mayo de 2025, el papa León XIV realizó sus primeros nombramientos episcopales en Argentina, designando a monseñor Raúl Martín como arzobispo metropolitano de Paraná y a monseñor Alejandro Pablo Benna como obispo de Morón. Estas decisiones suceden tras la aceptación de las renuncias de monseñor Juan Alberto Puiggari y monseñor Jorge Vázquez, respectivamente.

Monseñor Raúl Martín, de 67 años, se desempeñaba como obispo de Santa Rosa desde 2013. Anteriormente, fue obispo auxiliar de Buenos Aires y ha ocupado diversos cargos en la pastoral parroquial y catequética. Su designación ha generado controversia debido a decisiones pastorales anteriores que algunos fieles consideran restrictivas hacia expresiones tradicionales de la fe, como la comunión de rodillas o el uso del latín en la liturgia. 

Monseñor Alejandro Pablo Benna, de 65 años, era obispo del Alto Valle del Río Negro. Con su nombramiento, se convierte en el quinto obispo de la diócesis de Morón, que abarca los partidos bonaerenses de Morón, Hurlingham e Ituzaingó.

El sentido tradicional del sínodo: una necesidad para la Iglesia local



En medio de la confusión eclesial contemporánea, marcada por ambigüedades en torno al concepto de “sinodalidad”, es urgente recuperar el verdadero sentido de los sínodos según la tradición de la Iglesia. Lejos de ser una plataforma de democratización o un parlamento eclesiástico, el sínodo —en su forma diocesana o provincial— ha sido históricamente una herramienta de gobierno episcopal para la corrección, la formación y el impulso pastoral.

Los sínodos, tal como los entendía la Iglesia medieval y como los promovió el Concilio de Trento, eran reuniones periódicas donde el obispo, como pastor supremo de su diócesis, se encontraba con su clero para abordar temas de vital importancia: la santidad del estado clerical, la instrucción del pueblo, los abusos litúrgicos, el combate a la herejía y la respuesta a las amenazas del mundo secular. No se trataba de consultar al pueblo para redefinir la doctrina, sino de fortalecer la fe mediante la disciplina y la verdad.

El abandono de esta práctica ha contribuido al debilitamiento del gobierno episcopal y a la pérdida del sentido de responsabilidad pastoral. Reinstaurar el sínodo en su forma tradicional —limitado, claro, jerárquico, con objetivos definidos— podría ser hoy una de las vías más eficaces para la verdadera reforma de la Iglesia desde sus estructuras locales.

Frente a la “sinodalidad” líquida y ambigua que hoy se promueve desde sectores progresistas, urge una sinodalidad verdadera, enraizada en la tradición y puesta al servicio del munus regendi del obispo. No se trata de rechazar por principio toda forma de sínodo, sino de purificarlo, delimitarlo y orientarlo nuevamente hacia su fin propio: la salvación de las almas (salus animarum suprema lex).

viernes, 30 de mayo de 2025

Un nuevo azote para la Tradición Católica en el Litoral: Raúl Martín, arzobispo de Paraná

 



El pasado 28 de mayo de 2025, el papa León XIV designó a monseñor Raúl Martín como nuevo arzobispo metropolitano de Paraná, aceptando la renuncia de monseñor Juan Alberto Puiggari. Lejos de representar una esperanza de renovación enraizada en la fe de siempre, este nombramiento se ha recibido entre los fieles tradicionalistas con profunda preocupación y tristeza.

Monseñor Martín, hasta ahora obispo de Santa Rosa, ha demostrado de manera reiterada una actitud hostil hacia toda expresión del sensus fidei que brota de la liturgia tradicional y de la piedad heredada de siglos. Son numerosos los testimonios que documentan su accionar pastoral: niños a quienes se les negó la Primera Comunión por arrodillarse con reverencia; fieles reprendidos por responder en latín; prohibiciones absurdas como la de cantar el “Pange lingua” o cualquier himno en la lengua sagrada de la Iglesia; incluso jóvenes monaguillos reprendidos por manifestar gestos de piedad tan básicos como el ponerse de rodillas durante la consagración.

A este escenario se suman casos escandalosos como el de sacerdotes piadosos y celosos de la Tradición, apartados sin miramientos por el solo hecho de mantenerse fieles a las formas tradicionales del rito romano, como si estas fueran una enfermedad que erradicar, y no un tesoro que custodiar. Tal actitud revela no solo una incomprensión teológica profunda, sino una voluntad deliberada de desarraigar lo que aún subsiste del catolicismo íntegro en nuestras diócesis.

Esta tendencia no es nueva ni aislada. Desde el Concilio Vaticano II, hemos sido testigos de un lento pero sistemático arrinconamiento de la Tradición bajo el pretexto de una “pastoral renovada” que, en los hechos, ha desembocado en una liturgia empobrecida, en una catequesis débil y en una crisis vocacional sin precedentes. El nombramiento de obispos que persiguen a quienes aún conservan la fe de nuestros padres es una tragedia para la Iglesia militante en Argentina.

Que los fieles católicos de Paraná se preparen con firmeza espiritual. Que no cedan ante la presión de las imposiciones modernistas. Y que nunca olviden que la Tradición no muere, porque es el soplo mismo del Espíritu Santo que vive en la Iglesia de Cristo: "Quod semper, quod ubique, quod ab omnibus".

domingo, 25 de mayo de 2025

Misa en honor a la Virgen de Luján en la Catedral de San Patricio de New York por el 25 de Mayo


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El pasado domingo 25 de mayo de 2025, la comunidad argentina en Nueva York celebró una Misa en honor a Nuestra Señora de Luján en la Catedral de San Patricio, conmemorando el 215.º aniversario de la Revolución de Mayo de 1810 .(AICA)

La celebración fue organizada por la Asociación Nuestra Señora de Luján bajo el lema: “Hermanados en la fe, por la Madre convocados, construyamos con amor la unidad de los hispanos” . La Misa, celebrada en español, fue presidida por el padre Pablo Ruani, vicario parroquial de la Iglesia de San León Magno en Queens, quien destacó en su homilía la profunda conexión entre la Virgen de Luján y la identidad nacional argentina .(Radio Sudamericana, The Good Newsroom)

Durante la liturgia, se recordó el 35.º aniversario de la llegada de la imagen de la Virgen a Nueva York y se resaltó la importancia de orar por los líderes gubernamentales para que gobiernen con sabiduría, prudencia y justicia .(AICA)

La ceremonia concluyó con la entonación de los himnos nacionales de Argentina y Estados Unidos, seguida de una cena comunitaria en la iglesia Nuestra Señora de Guadalupe en Manhattan .(AICA)

Este evento refleja la devoción y el compromiso de la comunidad argentina en el extranjero por mantener vivas sus tradiciones religiosas y patrióticas.(AICA)

Cardenal Arthur Roche ordena a tres sacerdotes argentinos del Opus Dei

 




El pasado 24 de mayo de 2025, en la basílica de San Eugenio de Roma, el cardenal Arthur Roche, prefecto del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, confirió la sagrada orden del presbiterado a veinte diáconos de la prelatura del Opus Dei. Entre los ordenados se encuentran tres argentinos: Pedro Perkins, Santiago Populín Such y Ezequiel Mercau.

La ceremonia se desarrolló con gran solemnidad y profundo sentido del misterio sagrado. La liturgia, cuidadosamente preparada, fue adornada con cantos gregorianos en latín, que elevaron el alma hacia Dios y manifestaron la perennidad de la tradición litúrgica de la Iglesia. Cada gesto, cada oración, estuvo marcado por un profundo respeto por lo sagrado, haciendo palpable la presencia del Misterio que se celebraba.

En su homilía, el cardenal Roche exhortó a los nuevos sacerdotes a imitar al Buen Pastor con alegría y caridad sincera, recordándoles que deben agradar a Dios antes que a los hombres. Al finalizar, el prelado del Opus Dei, monseñor Fernando Ocáriz, agradeció al cardenal y expresó su paternal afecto a los ordenados, encomendando sus ministerios a la intercesión de la Virgen María y uniéndose en oración al papa León XIV por la paz del mundo.